
El Camino de Santiago, para algunos un camino religioso, para otros mero deporte.
Hace poco decidí que este verano me haré un trecho del “Camino Francés” y comenté la idea con algún amigo (para evitar la soledad y la vergüenza). Resulta que a mucha gente le ronda ese gusanillo por la cabeza, aunque poca tiene la determinación de hacer eso realidad.
Sé que será algo duro y, en ocasiones, doloroso; también sé que será divertido, agradable y que seguramente esta experiencia me haga valorar más la “pequeñas” cosas de la vida. De cualquier manera, el mero hecho de volver a mi tierra (Galicia) después de 4 años ya sería suficiente incentivo para que yo hiciera este viaje.
Será una prueba de superación personal día a día y, también tengo que admitirlo a pesar de mi condición de agnostica, también hay en este viaje cierta implicación mística (¿hay algún ente superior?)…
Pero ¿qué es el Camino de Santiago?
El Camino de Santiago es el recorrido que realizan los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela para visitar la tumba del Apóstol Santiago. A partir del siglo IX se forjó como una de las rutas de peregrinación más importantes de Europa, convirtiéndose en la espina dorsal de los reinos de la península Ibérica.
Tras un largo período de ostracismo, el Camino de Santiago ha vuelto a resurgir con fuerza en las últimas décadas del siglo XX gracias al impulso de amantes del mundo jacobeo, del asociaciones y cofradías jacobeas, de administraciones públicas y de la Iglesia.
Y como dirían en el Camino:
“Buen Camino, peregrino.”




